Ana y el hombre de la ventana

El frío de la noche la envolvía

La incesante lluvia la acogía

La ferocidad de los truenos la agitaba

Pero el olor de cada gota la consolaba

 

Miraba por la ventana

Esperando encontrar aquella mirada

Pero siempre terminaba, desilusionada

Porque él ya no estaba…

 

Él…el hombre que miraba por la otra ventana

Cada noche y cada día

Juntos se reían

Aunque jamás se conocerían

 

El encuentro era diario

Hasta tenían un horario

Faltando diez minutos para las siete

Ella empezaba a asomarse sigilosamente…

 

Abrían las ventanas simultáneamente

Sus miradas se cruzaban instantáneamente

Las sonrisas eran inevitables

Y el coqueteo inmensurable

 

Así pasaron semanas

De alegrías para Ana

Pero aunque eran instantes

Se convirtieron en una necesidad acechante

 

Hasta que llegó aquel día

Cuando Ana no entendía

¿Por qué él no aparecía,

Para su encuentro de cada día?

 

La agobiaba la incertidumbre

Hasta que llegó a su cumbre

Decidió salir a buscarlo

Para así poder descifrarlo

 

Lentamente se levantó

Con dificultad caminó

Sus pies se arrastraban

Y ella se acordaba…

 

Pasó al lado del espejo

Sin querer vio su reflejo

Era una anciana

Y su nombre era Ana

 

Confundida seguía caminando

Pero estaba luchando

Su cuerpo se sentía pesado

Como si tuviera piedras atadas a su costado

 

Abrió la puerta de la habitación

Con una clara intención:

Encontrar la razón

De su desaparición

 

Mientras caminaba por el blanco pasillo

Veía un lejano brillo

El cual rápidamente desapareció

Cuando ella apareció

 

Ella, una mujer de uniforme azul

Con una mirada de preocupación intentó devolverla a su habitación

Ana, con mucha frustración

Explicaba la situación

Pero la mujer de uniforme azul

Pensó que todo era una actuación.

 

Nuevamente dentro de la habitación

La mujer le preguntó

Si era algo de negación

Por aquella alienación.

 

Ana, confundida y aturdida

Por aquella fuga obstruida

Intentaba hablar pero no podía

Porque todo se le devolvía

 

La mujer preguntaba por las pastillas

Las que estaban refundidas

En una esquina de la habitación

Con el resto de la medicación.

 

En silencio Ana recordaba

Dónde se encontraba

Y por qué la cuidaba

Una mujer de uniforme azul.

 

El hombre de la ventana

Era un fragmento de su imaginación

Y así, de mala gana

Aceptó su situación.

 

Desconsolada recordaba aquel hombre que la miraba

El que fácilmente la calmaba

Pero la realidad la asfixiaba

Y nuevamente se controlaba.

 

Se sentó en su mecedora

Para esperar la hora

La hora en que descansaría

La hora en que desaparecería

 

Cerró sus ojos

Y pensó en él

En el hombre que no era real

Pero que tenía una mirada angelical.

 

Tomó aire

Pensó en el olor de la lluvia

E imaginó ese gran encuentro

El encuentro entre Ana y el hombre de la ventana.

. . .

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